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EL MITO DEL INTI RAYMI

Porelobservador

Jul 6, 2025

En los tiempos antiguos, cuando el mundo aún era joven y los dioses caminaban entre los mortales, el Sol, conocido como Inti, brillaba con todo su esplendor sobre el Imperio del Tawantinsuyo. Inti, el padre celestial, derramaba su luz y calor sobre los campos, haciendo crecer los cultivos y dando vida a todo ser viviente. Sin embargo, llegó un día en que el Inti comenzó a alejarse del mundo, llevándose consigo su luz y calor, sumiendo a la tierra en la oscuridad y el frío.
El Inka, gobernante supremo e hijo del Sol, sintió un gran temor al ver cómo el cielo se oscurecía y la tierra se enfriaba. Las siembras comenzaron a marchitarse y el pueblo del Tahuantinsuyo clamaba por la luz y el calor de su padre celestial. El Inka, desesperado, decidió invocar a Inti y suplicarle que regresara. Una noche, mientras el cielo estaba cubierto por un manto de estrellas, el Inka se dirigió al templo de Qorikancha, el lugar más sagrado del Imperio, donde el Sol era venerado. Allí, encendió una gran hoguera y preparó una ofrenda de oro, plata y conchas Spondylus, junto con los más finos alimentos y la chicha más dulce. El Inka, con voz firme pero llena de emoción, invitó a Inti a beber con él, prometiendo honrarlo y mantenerlo cerca para siempre.
El Inti, conmovido por la sinceridad y devoción del Inka, decidió aceptar su invitación. Bajó del cielo y se unió al Inka en el Qorikancha. Juntos bebieron y celebraron, y el Sol prometió no alejarse nunca más del mundo. Desde ese día, el Inti brilló con más fuerza que nunca, irradiando vida y prosperidad sobre el Cuzco y todo el Imperio del Tawantinsuyo.
Para celebrar este pacto sagrado, el Inka decretó que cada año en el mes de junio, se realizaría una gran fiesta en honor al Sol, conocida como Inti Raymi. Esta celebración se convertiría en la más importante del Imperio, un momento para agradecer a Inti por su luz y calor, y para renovar el pacto entre el Inka y el Sol. Durante el Inti Raymi, el pueblo del Tawantinsuyo ofrecía sacrificios de oro, plata y conchas Spondylus, junto con los más finos alimentos y bebidas.
El Inti Raymi se celebraba en el solsticio de invierno, el día más corto y la noche más larga del año, cuando el Sol parecía entrar en receso. Era un momento para agradecer por las cosechas recolectadas y para celebrar la vida y el desarrollo de aquella sociedad, impulsado por el trabajo de hombres y mujeres, y las fuerzas fertilizadoras del Sol y el agua.
Así, el mito del Sol que se aleja y el Inka que lo invita a beber se convirtió en una leyenda que perduró a través de los siglos. Y aunque los sacrificios de antaño ya no se realizan, el Inti Raymi sigue celebrándose hasta hoy, recordando la importancia que los antiguos peruanos dieron a esta fecha vinculada al régimen agrario y a la vida misma. El Sol, en su esplendor, sigue iluminando al mundo, llevando a sus hijos para que gobiernen el universo desde el Qorikancha, manteniendo viva la memoria y el espíritu del Tawantinsuyo. (Cortesía: Bestreks).