Cuando la alarma cundió, la guarnición de Arica se puso en pie y se atrincheró en los fuertes. Los gritos de los oficiales se escuchaban con claridad en medio del sonido de cornetas y tambores de guerra batiendo a viva voz.
Eran las cuatro de la mañana y mientras empezaba a levantarse lentamente la camanchaca que cubría todo de niebla y humedad, hacia el mar se podía atisbar el movimiento de la escuadra chilena y por tierra, por el este, el de los numerosos regimientos enemigos que rodeaban las defensas erigida sobre el morro.
Desde las troneras de vanguardia, nerviosos vigías empezaron a disparar en dirección a los cuerpos de tropa que en una formidable tenaza se aproximaban estrechando el cerco sobre la guarnición peruana.
Toda la tropa disponible al mando de Bolognesi para defender Arica y el morro sumaba solo 1904 soldados, clases y oficiales, la mayoría paisanos enrolados. En la bahía de Arica solo quedan 2 naves peruanas: el monitor ‘Manco Cápac’, tan viejo y sin mantenimiento que sólo puede navegar a 1 milla por hora y que se usa como una batería fija flotante; y la pequeña torpedera ‘Alianza’.
Las defensas del morro están compuestas por tres instalaciones: Las defensas del norte, formadas por tres baterías: “San José”, “Santa Rosa” y “ Dos de Mayo” que en su totalidad están equipada con 4 cañones: 3 giratorios y uno fijo; otro grupo son las llamadas defensas del este, formadas por las baterías “Ciudadela” y “Este”, entre las dos cuentan con 6 cañones, finalmente están las defensas del morro, formadas por dos baterías “Alta” y “Baja”, están equipadas en su conjunto con 9 cañones. Para su defensa Arica cuentan solo con 19 cañones.
El Ejército chileno en tierra estaba formado por los batallones Chacabuco y los regimientos Buin, 3º de Línea y Lautaro, desplegados en las lomas de los cerros Condorillo y Buena Vista, rodeando Arica por tierra con 6,500 soldados bien equipados y entrenados. Por el mar, la escuadra chilena bloqueaba el puerto con sus buques de guerra: Loa, Magallanes, Covadonga y Cochrane.
Arica había sido diseñada para defenderse de un ataque por mar, pero no por tierra. Y después de la ocupación y saqueo de Tacna, era clarísimo que el ataque vendría también por el este. Por eso el coronel Bolognesi había ordenado cavar trincheras y levantar terraplenes que cubrieran la desprotegida retaguardia de la fortaleza. Pero estas defensas construidas con tierra y sacos de arena eran un esfuerzo precario que no podría soportar el golpe que les lanzarían las modernas baterías de cañones alemanes Krupp, último modelo, con que había sido equipada la artillería chilena.
Apenas amaneció, el domingo 6 de junio, los chilenos iniciaron el bombardeo de Arica. Bolognesi ordenó girar hacia el este los cañones de los fuertes San José y Ciudadela. Los 5 cañones barrieron la planicie y detuvieron el avance enemigo que sin embargo no tuvo la contundencia que se esperaba y es que esa mañana Baquedano solo estaba tentando las defensas peruanas por el este para medir su fuerza y determinar por donde lanzaría a sus tropas.
Un silencio tenso siguió a la primera escaramuza. Los chilenos no dispararon un solo tiro más. A las 11:30 de la mañana se reinició el bombardeo lanzado por las baterías de tierra. Los chilenos apuntaban no solo a las instalaciones militares del morro sino también a la indefensa ciudad cuyos edificios, casas, negocios, almacenes, hospital e iglesia, eran sistemáticamente reventados por los obuses que vomitaban los cañones Krupp…//(Fuente: Memorias Nelson Coronel Marino).