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REFORMA AGRARIA Y BROTES DE LA ‘REBELIÓN DE INDIOS’

Porelobservador

Jul 6, 2025

La reforma agraria promulgada el 9 de junio de 1969 por el general Juan Velasco Alvarado fue la culminación de un conjunto de cambios radicales que marcaron el final de la era oligárquica en el Perú. Las “tomas de tierras” alcanzaron su mayor fuerza en el período 1956-1964 e hirieron de muerte al latifundismo peruano. La ruptura de la relación hombre/tierra tuvo dos consecuencias: Primero, la masiva migración de campesinos a la ciudad de Lima. Segunda, la enorme movilización de indígenas por recuperar las tierras que les habían sido arrebatadas durante el coloniaje.
En aquel entonces, en vísperas de las elecciones generales de 1956, el expresidente José Luis Bustamante y Rivero, hizo un diagnóstico descarnado de la situación de agitación social que vivía el país, planteando la necesidad de realizar la reforma antes de que fuera tarde, entre ellas: la rehabilitación del indio, reforma agraria, y otras. Para Bustamante y Rivero, afrontar el «problema del indio» era algo inexcusable…
El país vivía una creciente agitación social y era necesario tomar medidas políticas perentorias para afrontarla. La creciente lucha campesina por la tierra, dejaba poco margen para la dubitación. El problema de la tierra se había convertido en la principal fuente de agitación en el país. A los hacendados y patrones solo les quedaba rezar en sus capillas.
Tampoco era alentador el panorama político. En 1956 se fundaron dos partidos reformistas, Acción Popular y la Democracia Cristiana, que prometieron realizar la reforma agraria. Surgieron también las organizaciones revolucionarias, como el Movimiento de Izquierda Revolucionaria MIR y el Ejército de Liberación Nacional ELN, que en 1965 encabezaron una guerra de guerrillas contra el gobierno y que tenían como primer punto de su programa la reforma agraria.
El país estaba gobernado por una oligarquía terrateniente que radicaba en la costa, los llamados «Barones del azúcar y del algodón». Por su parte, el campo serrano, dominado por terratenientes de horca y cuchillo, era escenario de una barbarie difícil de describir. La condición de los indios era aberrante, pues estaban obligados a arrodillarse para saludar a sus patrones, cargarlos para cruzar los ríos, para que no se mojen los pies, sometidos a un trato que negaba la dignidad humana del indio.
Cuentan que los abusivos gamonales como Alfredo Romainville, de la hacienda de Chaupimayo, colgaba en un árbol de mango a un campesino desnudo y lo azotaba todo el día en presencia de sus propias hijas y demás sirvientes. A otro indio que no pudo encontrar el caballo, lo hizo poner «en cuatro patas» y ordenó que le pusieran el aparejo del caballo e hizo cargar seis arrobas de café, para luego hacer caminar por el patio, azotándolo con un fuete. También hizo encarcelar por presunta comunista a la hija que tuvo con una campesina a quien la violó. Su hermano no se contentaba con violar a las indias; obligó a un indio a violar a su tía amenazándolo con un revólver. El hacendado Márquez, hacía arrojar al río a los hijos que tenía con las sirvientas violadas. Eran tan abusivos los hacendados que hasta ordenaban cortar el brazo a la sierva que no se acercó a besarle las manos, cuando llegó a su hacienda.
Cansado de ver tanto abuso de los patrones, el otrora dirigente campesino Hugo Blanco, denunció igualmente a los hacendados Bartolomé Paz y Ángel Miranda, por haber marcado la nalga de los indios con el hierro candente empleado para marcar ganado. El asesinato de los líderes campesinos era una práctica cotidiana.
Hugo blanco, un joven cusqueño, se dirigió a Argentina a estudiar agronomía. Allí se politizó y retornó al Perú decidido a hacer la revolución. Luego de una experiencia inicial de trabajo sindical en una empresa fabril de Lima, fue enviado por su partido al Cusco para organizar al proletariado; sin embargo, en Cusco no existía movimiento obrero. No se amilanó y organizó a los vendedores de periódicos y como dirigente logró incorporarse a la Federación Departamental de Trabajadores. Luego logra entrar a trabajar como campesino en el valle de La Convención. Allí inició su trabajo revolucionario.
Por su parte, el líder Hugo Neira, se encuentra con dirigentes campesinos preparados para la lucha armada, gracias al servicio militar obligatorio. Era el resultado de un adiestramiento cuya leva era implacable para los campesinos. Los hombres de origen indígena o indio, llenaban los cuarteles, y a estos soldados licenciados había que adiestrar y organizar para la lucha armada…
En julio de 1963 Fernando Belaunde Terry, asumió la presidencia prometiendo ejecutar la reforma agraria. Pero encontró la cerrada oposición del Apra y la oligarquía en el parlamento y no se atrevió a enfrentarlos. Los militares concluyeron que los civiles no harían las reformas sociales que eran necesarias para desactivar la bomba de tiempo en que se había convertido el campo. Juan Velasco Alvarado dijo que los militares cumplieron su misión reprimiéndolos. Pero en el campo constataron que los guerrilleros del 65 tenían razón cuando decían que las condiciones en que vivían los indios eran inicuas.
Se ha dicho, y es necesario repetirlo una y otra vez, que la tragedia producida por la guerra interna que Sendero Luminoso emprendió en 1980, hubiese sido mucho mayor de no haberse realizado la reforma agraria de 1969. Con todas sus fallas, defectos y errores, ella no sólo hizo propietaria a una facción de la población indígena, sino que también se reconoció el derecho al voto de los analfabetos. En 1979 se abrió las puertas a millones de indígenas analfabetos para ejercer su voto.