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Recordando al dictador desde la ‘otra orilla’

PorEl Observador

Nov 30, 2023

«Cualquier vulneración del orden democrático es una traición a la ciudadanía y un atentado contra la libertad de las personas. ¡3 de octubre, nunca más!».

El pasado 3 de octubre se cumplió 55 años del golpe de Estado de Juan Velasco Alvarado. Para muchos, la ascensión del dictador al poder luego de derrocar violentamente al régimen democrático de Fernando Belaunde, fue solo una curiosidad intrascendente, una anécdota añeja. No obstante, en tiempos como los nuestros, donde el desprestigio de los poderes del Estado es absoluto y algunos ven con buenos ojos la ruptura del orden institucional, es necesario que los demócratas utilicemos estas fechas para reafirmar nuestras convicciones y recordar un pasado que no queremos volver a repetir.

Y es importante tener algo claro: no hay dictadura buena. Cualquier vulneración del orden democrático es una traición a la ciudadanía y un atentado contra la libertad de las personas. En esa línea, hay que mirar con escepticismo a los “demócratas” que escogen a dedo qué dictaduras critican y cuáles no. Esto se aplica tanto para los que se hacen los locos con Fujimori, como para los que pregonan la democracia, pero recuerdan con nostalgia a Fidel Castro y celebran las acciones de Maduro.

Pero hoy toca hablar de Velasco, querido lector, el militar que con su collera castrense decidió ser presidente sin que nadie votara por él, sacando a la fuerza al poder democrático para sentarse él mismo en la silla de Pizarro e instaurar un régimen militar que duraría once años. Un acto de absoluta y fatal arrogancia, sin duda. Y es que hay que estar cegado por la soberbia para decidir con un grupito de amigos que tú eres el indicado para gobernar el país, para creer que, de pronto, tú eres el dueño de una sabiduría iluminada que supera la manifestada por los ciudadanos en las urnas.

Las acciones tomadas por el gobierno militar en esa época, son las mismas que han tomado múltiples dictaduras a lo largo de los años. En diciembre de 1969, por ejemplo, disolvió la Corte Suprema de Justicia para instaurar una institución más acorde a los intereses de la revolución.

La dictadura también se propuso destruir a la prensa, expropiando los diarios Expreso y Extra en marzo de 1970, pocos años después, confiscó los diarios como El Comercio, La Prensa, Correo y Ojo de sus dueños legítimos. Además de eso hubo periodistas que fueron deportados y procesados por el régimen. Claramente, para el gobierno militar la definición de prensa libre era una que estuviera confeccionada a la talla de sus intereses.

También estuvo el atropello a la propiedad privada, con la expropiación de empresas en el sector minero, pesquero, aerocomercial, bancario y, por supuesto, con la expropiación de tierras agrícolas en la reforma agraria. Como consecuencia de ello, por ejemplo, el Estado aún tiene que pagar un aproximado de US$ 1, 500 millones de deuda por bonos agrarios. En esa época, poco le importaba a la dictadura pagar por lo que se llevó.

En total, el régimen militar creó cerca de 175 empresas públicas, la mayoría producto de las expropiaciones que perpetró. Para 1975, el Estado llegó a participar del 31% del PBI nacional. El saldo de este nivel de intervención del Estado en la economía, obviamente, no fue positivo. A finales del régimen militar el Perú tenía que importar más alimentos de los que exportaba. Las empresas públicas acumularon 2,500 millones de dólares en pérdidas. La inflación pasó de 6.3% en 1969 a 67.7% en 1979.

Con todo esto en mente solo nos queda aprender recordando al dictador. La democracia hay que preservarla, sin importar el fastidio que nos produzcan nuestras autoridades, porque la alternativa ha demostrado ser aún peor, con los atropellos contra la prensa, contra la libertad individual y, en el caso de Velasco y el régimen militar que instauró, con participaciones en la economía que solo nos sumieron aún más en la pobreza y el atraso. (Cortesía: Gonzalo Ramírez de la Torre).

Cuando se mira las décadas transcurridas desde el golpe de Estado del 3 de octubre de 1968, que marcó el inicio del gobierno de Juan Velasco Alvarado, surge la tentación de pensar que no ha quedado nada de aquello que un grupo de militares patriotas intentaron cambiar al Perú. En contraposición de nuestros días, el “Chino Velasco” se despojó de sus intereses y puso su espada al servicio del pueblo peruano.

 

La revolución militar cambió el sentido del “resentimiento social” y eso fue imperdonable para sus detractores. Si hasta entonces los resentidos habían sido multitud de indígenas y mestizos a quienes los llamados “demócratas” privaban de su libertad y sus derechos, la ilusión velasquista hizo que esos ‘resentidos sociales’ sean parte de la revolución del “Chino Velasco”.

 

Sin embargo, fracasado el proyecto de la revolución de Velasco, el tema de cambiar al país, ha dejado de estar en la agenda política. Sendero Luminoso y el MRTA -cada uno a su modo- trataron de volver a colocar una revolución en el orden del día. Se equivocaron en fines y medios, y mataron los sueños. Hoy en día, nadie levanta una propuesta para cambiar el país.

 

Participación política

Para el gobierno de Velasco, la preocupación primordial fue incentivar la participación política de los sectores más pobres y desposeídos a quienes los invasores españoles y luego los avivatos criollos los arrebataron todo, e incluso, los pobres ‘cholos’ fueron excluidos de los procesos políticos, no podían elegir ni ser elegidos. Entonces, uno de los objetivos del gobierno de Velasco, era lograr una “revolución social de participación plena”. Con ello se buscaba otorgar poder y participación a las masas descontentas y olvidadas, que habían sido marginadas por la élite política criolla.

Vigencia del ‘Chino Velasco’

Han pasado 55 años del golpe de Estado impulsado por el general Juan Velasco Alvarado, que derrocó a Fernando Belaunde Terry, en la madrugada del 3 de octubre de 1968. De esa forma, se instauró el régimen revolucionario de la Fuerza Armada…Por sus reformas y características peculiares, fue un gobierno vapuleado, criticado y hasta maldecido por la prensa limeña.

Debido a su importancia en el quehacer político del Perú, ponemos en tapete un análisis de antaño, donde María Alayza, sostenía que: “Antes del golpe de Estado de Velasco, había demandas de cambios y reivindicaciones pendientes en todo el país. Había la sensación de una sociedad estratificada, jerarquizada, autoritaria y muy poco inclusiva…”. Entonces, el golpe de Velasco, respondió a esas necesidades, con un mensaje que hoy se llama “inclusión social”.

Por su parte, Santiago Pedraglio, señalaba que los campesinos hicieron importantes tomas de tierras entre los años 50 y comienzos de los 60: “Las comunidades buscaban recuperar las tierras que les habían sido arrebatadas por los hacendados, quienes no respetaban los derechos ciudadanos de los naturales. Además, recuerda que, Belaunde Terry, fue echado de la casa de Pizarro, por no haber cumplido con su promesa de la reforma agraria y por la pérdida de la página 11 del Acta de Talara.

En conclusión, para María Alayza, desde el punto de vista histórico y como fenómeno latinoamericano, el gobierno militar de Velasco, tuvo su particularidad: “Siempre hemos tenido dificultad para explicar el gobierno de Velasco, porque fue una dictadura que trajo cambios sociales que los demócratas no querían realizar, pese a que conocían las demandas y las movilizaciones de distintos sectores. Velasco, dejó abierta una serie de compuertas que estaban cerradas…”, acotó.

 

Aspectos positivos

En un balance concienzudo, el gobierno del general Velasco, no significa un atraso para el desarrollo de Perú…Nadie duda de sus buenas intenciones; nomás que la derecha corrupta y vengativa, encarnada en Alberto Kenya Fujimori Fujimori, quiso borrar del mapa las huellas de un militar progresista, rematando todas las empresas y bienes del Estado, argumentando que eran negativas para el desarrollo de la patria.

La historia del gobierno de Juan Velasco Alvarado, se inicia cuando Fernando Belaúnde Terry aún estaba en el poder, a fines de los años sesenta. Por aquellos tiempos, Belaúnde había ofrecido resolver el asunto de La Brea y Pariñas, el cual era un complejo petrolífero ubicado en Piura y que estaba en manos de la International Petroleum Company (IPC).

Esta empresa le debía una cantidad millonaria al Estado peruano y se negaba a cancelar la deuda alegando que los terrenos eran privados y que no existía una concesión por parte del Estado. Este era un problema no del momento, sino que venía desde décadas atrás. Este caso fue resuelto dentro del plazo prometido por Belaunde, pero el escándalo estalló cuando se denunció la desaparición de la página 11 de dicho contrato.

Al margen de otras acciones reivindicativas y nacionalistas Velasco, tuvo la osadía de embargar todos los bienes de la IPC, y expropiar el complejo industrial petrolero de la Brea y Pariñas para el Estado. Luego, ‘los gringos’ fueron echados del país, declarándose “Día de la Dignidad Nacional”. Esto, jamás lo haría un ‘gobierno democrático corrupto’ de nuestros tiempos.

El gobierno revolucionario del “Chino Velasco”, se caracterizó por una serie de reformas sociales y económicas que buscaban reducir la brecha entre ricos y pobres en Perú. Entre las medidas más destacadas se encuentran la nacionalización de la industria petrolera, la reforma agraria, entre otras de bien social. Velasco, tuvo un impacto significativo en la historia política y social del Perú.

 

 

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