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DOS POEMAS DE DON CELESTINO ROSPIGLIOSI SOSA

PorEl Observador

Ago 11, 2023

TORATA es la cuna de importantes personajes que señalaron derroteros de excelencia en la lucha por la libertad, la educación y la literatura, como el caso del precursor de nuestra independencia, Juan Vélez de Córdova, quien en Oruro (Alto Perú, en aquellos años de la época colonial) difundiera el Manifiesto de Agravios, en 1739 para lograr la recuperación de la libertad de los peruanos; gesto libertario que pagó con su vida. De los actuales años, recordamos al Dr. Juan B. Scarsi Valdivia, profesor de literatura del Colegio Nacional La Libertad, quien  promoviera en sus estudiantes, allá por los años de 1955-60 el reinicio de la literatura y la investigación histórica en Moquegua; el Profesor Alberto Castro Vera, educador y poeta; entre ellos, encontramos también a don Celestino Rospigliosi Sosa, profesor de primaria que trabajó en diferentes escuelas de nuestro departamento, Calacoa, Carumas, Samegua, y al final ocupó la Dirección de la conocida I.E. Rafael Díaz. Don Celestino, en el campo literario, fue un activo participante. Escribió muchísimas poesías sobre variados temas (educación, juventud, hogar, terruño, familia, etc.), también escribió artículos sobre las costumbres y tradiciones de su tierra. Es decir, tiene una variada producción literaria que sería importante reunir y dar a conocer a las generaciones actuales y futuras.

Desde estas líneas un saludo de respeto y admiración para quien fuera, además de grato amigo, excelente profesor y tradicionalista de Torata y de nuestra Región, el profesor don Celestino Rospigliosi Sosa, de quien entregamos, dos poemitas, uno sobre la actitud trabajadora de su pueblo y otro sobre por qué quería ser profesional.

 

 

UN DÍA LABORAL

 

Alegre amanece mi tierra cada día

y todo sucede con natural armonía,

porque allí está la dulce melodía

de la gran Naturaleza con alegría.

 

El Sol lanza ya sus irradiaciones,

la brisa surca e mil direcciones,

los arroyos exhalan evaporaciones

y el cielo se llena de nubarrones.

 

Mientras los torateños labradores

por chacras y caminos sin colores,

animosos van sin penas ni dolores

a continuar con sus rudas labores.

 

El gañán pega a su yunta gritando,

el regador lleva el agua silbando,

el covador en silencio va sudando

y así los campos se va cultivando.

 

Los niños conducen todo el ganado

que los padres dejan a su cuidado

y las mujeres con su hijo cargado

también van a ese terreno adorado.

 

El patrón dueño del futuro maizal,

Tal vez de un buen trigal o papal,

Con esperanzas de cosecha sin igual,

Dirige la tarea en UN DÍA LABORAL.

 

 

ME VOY A ESTUDIAR

 

Aún era joven; pero decidido

yo quería ya superar mi vida,

razoné y quedé ya convencido

y hablé con mi madre querida.

 

Ella lloraba y sufría tanto;

tengo que irme lejos de aquí;

pero no llores madre querida,

le decía y sufría sin llanto.

 

Al Cusco pues tengo que irme

en pos de beca voy preparado,

subo a Torata por despedirme

y retorno a Moquegua apurado.

 

Desde que salgo de mi posada

tomo la ruta pidiendo a Dios

que me proteja con su mirada

de los rapiñas de dos en dos.

 

Cuando muere una triste tarde,

nace una pena que hace llorar,

el más valiente se ve cobarde

porque no tiene donde acampar.

 

El estudiante que va sin leva,

solito tiene que saber pensar

porque no sabe que sino lleva

ni qué riesgos le puede pasar.

 

El que hoy sufre por estudiar,

mañana volverá ya profesional

preparado para luego trabajar

y cumplir la promesa maternal.

 

En verdad, cuando gane dinero,

madre mía, parte será para ti,

lo digo con amor bien sincero,

es que de niño así lo prometí.

 

Favor te pido por mi despedida

me regales tu tierna bendición;

y por fin sábelo madre querida

que ser maestro es mi Vocación.

 

 

 

Los cactus de la colina

 

En el alto cerro he visto semillas

que el viento llevaba y a veces traía,

he visto que quedan entre las hendijas

que dejan las piedras y la tierra misma;

allí las pequeñas su cuerpo cobijan,

luego se humedecen con frescas neblinas;

y al poco tiempito se vio en la colina

varios arbolitos con muchas espinas,

eran soldaditos de ropa oscurita

que fueron creciendo a la luz del día;

de noche el rumor de alguna avecilla

rondaba su sombra cuidando su vida…

Allá por el cerro he visto los cactus

de ropa sencilla que elevan sus brazos

en vertical línea hacia las alturas

donde va perdida el ala del cóndor

y vuela la luz de la amanecida;

allá los he visto rodeados de vida

de algún gusanito de mariposilla,

o la araña torva o la lagartija,

saltando y jugando a las escondidas;

oh, cactus humildes, de la lejanía,

cómo por el cerro llevan la alegría,

cómo de repente de la maravilla

roja llamarada da su flor la vida,

o es flor de las albas, o es de oro amarilla;

esos son los cactus, árbol de colinas,

de los cerros amplios de la vida msma,

ala de las sombras, rayo de rutinas,

¡milagro que brota de humildes semillas…!

                                                              Víctor Arpasi Flores

 

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